Actions

Work Header

Rating:
Archive Warning:
Category:
Fandom:
Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Stats:
Published:
2025-05-24
Updated:
2025-08-12
Words:
16,082
Chapters:
4/?
Comments:
5
Kudos:
15
Bookmarks:
1
Hits:
151

Un Pequeño Príncipe

Chapter 4: Capítulo 4

Chapter Text

Sirius Black observaba la piedra del techo de su llamada habitación. Nunca pensó que quien le iba a rescatar de su infierno personal fueran los Goblins. Ya un Goblin le había explicado que alguien había solicitado ver la transcripción de su juicio y mientras buscaban dicha transcripción, ese mismo alguien había solicitado la custodia protectora de Gringotts para que no hubiera “incidentes desafortunados”.

Le habían cambiado de una celda en Azkaban a una habitación de piedra pero Sirius lo sabía mejor. Tecnicamente estaba encerrado, pero al menos aquí podía salir a caminar y lo haría, una vez que recuperara algo de peso, y los Goblins al menos le alimentaban mejor que los pocos guardias humanos de Azkaban y lo mejor de todo, aquí no había Dementores.

El Reino Goblin era una enorme excavación y si uno pudiera describirlo de alguna manera, sería un terrario muggle a gran escala. No era pura piedra, sino que había vegetación adecuada a la vida dentro de las cavernas de los goblins y el techo de las mismas estaba plagado de joyas que imitaban la luz solar y lunar según la hora del día, así que si uno se concentraba en los detalles como las casas, las plantas y algunos animales que había por ahí en corrales, parecería un pueblo cualquiera, exceptuando que en vez de humanos había Goblins haciendo multitud de actividades.

Al menos, es lo que Sirius podía ver a través de su ventana.

Mientras estaba en estas cavilaciones, un toquido sonó en su puerta y cuando Sirius dijo adelante, lo que entro no fue un Goblin… en apariencia. El hombre que entro era bastante normal hasta donde podía ver y la única característica extraña en él era una pupila dilatada en uno de sus ojos, por lo demás, era como cualquier inglés promedio.

—¿Cómo se encuentra usted hoy, Señor Black? —.

—Mejor que hace un par de días. No es que no aprecie las visitas de otra persona pero, ¿Quién es usted? —.

El hombre sonrió y metió las manos en sus bolsillos. Sirius pudo notar que el hombre no vestía como un mago sino un muggle, con unos jeans, tenis y una camiseta de rock con la portada de un disco de David Bowie. Ahora que lo pensaba un poco, el hombre le daba un aire a aquel cantante, pero este hombre debía ser un mago, ya que los muggles desconocían la existencia de los Goblins.

—Si, creo que no nos hemos presentado. Me llamo Jareth y soy el Rey de este Reino—Sirius abrió sus ojos como una lechuza. Sus padres siempre le habían hablado de los Goblins con desprecio pero les guardaban cierto respeto por que eran los guardianes del oro de los magos y del único Goblin que hablaban con reticente respeto era Jareth, el primer Rey Goblin entronado en más de 5 siglos.

Al parecer, sus múltiples guerras con los magos les impidieron tener un Rey más allá de algunas décadas y Jareth fue el primero en poder sostener el Reinado durante más de un par de décadas y era gracias a él que los Goblins se declararon neutrales sobre las últimas guerras de los magos. Pero eso había sido desde poco antes de la época de Grindelwald y Jareth ya llevaba un par de décadas en el trono cuando eso sucedió.

Aunque Sirius sabía que la magia hacía que los magos y las criaturas tuvieran vidas extendidas, siempre pensó que todos ellos envejecían. Jareth no parecía ser mayor a unos 30 años y vestía demasiado muggle para que cualquiera se diera cuenta de que no era exactamente humano.

Jareth sonrió cuando observó que Sirius había estado varios minutos callado—Se que es “extraño” que el Rey de la nación Goblin se vea, bueno, como un humano común y corriente cuando nuestra raza se distingue por ciertos rasgos pero todo tiene un sentido. Cuando un Goblin es entronado, su fisonomía cambia a la más adecuada para interactuar con los magos y muggles, ya que aunque tratamos mayormente con magos, tenemos algunos negocios que tratar con la familia real y ellos son muggles enteramente, o al menos lo eran hasta hace poco—.

Sirius estaba asombrado. Su madre debería estar revolcándose en su tumba. Ella siempre se jacto de que incluso los muggles más poderosos, es decir, la Reina y su familia, no tenían lo “adecuado” para ser magos y he aquí que al parecer, había nacido un miembro de la familia real con magia, o quizás más de uno.

Pero sobre todas las dudas que tenía, solo había una a la que Sirius quería una respuesta—¿Quién pidió la transcripción de mi juicio? —.

Jareth simplemente hizo un movimiento con sus manos y apareció una hora flotando en el aire—Bueno, parece que la cena está al menos a 4 horas y el té he ordenado que aparezca directo a esta habitación, así que tenemos tiempo para que le explique todo, Señor Black—.

—Preferiría Sirius, si no es mucha molestia—.

Jareth sonrió y convocando una silla, se acercó a la cama donde estaba convaleciendo Sirius y luego de sentarse, empezó a hablar.

Conforme más hablaba Jareth, más iba Sirius sintiendo que había caído en alguna clase de universo alterno. Su pequeño ahijado era miembro de la familia real, gracias a que su padre, el que antaño fuera su hermano en todo menos en sangre, era de hecho un descendiente de una rama que se creía, había terminado con dos hermanos supuestamente asesinados en una torre.

La misteriosa persona que había solicitado la transcripción de su juicio, había sido de hecho la Reina misma y al parecer, la Ministro Bagnold no había podido llevar el documento sobre dicho juicio. Alego que podía haberse perdido pero la Reina no estaba escuchando nada de eso. La decisión a la que se había llegado era hacerle un juicio real pero en el mundo muggle, dado que el Wizengamot y el Ministerio de Magia no eran confiables si podían perder el documento que probaba la culpabilidad de uno de sus ciudadanos.

—Nunca me dieron un juicio—.

Jareth no se inmutó—Es la conclusión a la que llegó también la Reina. Sabía que si no podían entregar el documento, eso era un indicativo de que no se siguió el procedimiento adecuado. Pero los mágicos no quieren aceptar el hecho de que con usted cometieron un error, porque sentaría el precedente de que más personas en Azkaban podrían ser inocentes y eso abriría nuevos juicios—.

—No sé si a otros les negaron un juicio, pero ese fue mi caso. Los guardias me dijeron que yo era claramente culpable por qué confese en el lugar, pero la verdad, es que estaba en shock. Acababa de perder a mi mejor amigo y su esposa, mi ahijado había quedado huérfano y Hagrid no me lo quería dar—.

Jareth levantó la cabeza al oír esto—¿A qué te refieres con que no te querían dar a tu ahijado? ¿Y quién es Hagrid? —.

—Hagrid es el jardinero y guardián de las llaves de Hogwarts, mi escuela, y trabaja para Dumbledore. Nosotros, James, Lily y otros amigos, así como otros magos, estábamos en un grupo para tratar de frenar el avance de Voldemort y Dumbledore era el líder. Así que Hagrid estaba también en esto y cuando vi el desastre… solo pensé en poner a salvo a Harry pero Hagrid ya lo tenía en brazos y cuando le dije que me lo diera, dijo que Dumbledore le ordenó que lo llevara con él directamente—.

Jareth estaba pensativo y mucho. Este pequeño detalle era relevante porque el protocolo adecuado cuando un niño queda huérfano es primero abrir los testamentos y ver las disposiciones que previeron los padres. Si nadie de los guardianes aprobados está disponible o no quieren hacerse cargo del pequeño, se busca a los familiares y cuando estos no quieren o pueden hacerse cargo, es cuando se busca una tutela del estado o un hogar de acogida.

En el caso de los mágicos, sin guardianes aprobados, se buscaba primero entre parientes mágicos, luego muggles y solo hasta el final se buscaba la tutela estatal o el hogar de acogida, siempre y cuando no hubiera alguna otra disposición en los testamentos como alguna escuela o arreglo diferente.

Que Dumbledore se saltara todo el protocolo y colocara a Harry directo con los parientes muggles era irregular y daba una idea un tanto peligrosa de que esperaba lograr al hacer eso. Cierto que estaba lo de la barrera de sangre pero simplemente dejar a un niño con sus “parientes” sin averiguar primero si podían o querían hacerse cargo era negligente como mínimo.

Sellar los testamentos y colocar a Harry con los Dursley ya había sido decidido al primer minuto de orfandad del pequeño y lo que se sabía de los Dursley luego de la investigación ordenada por la Reina, pintaba un panorama de maltrato infantil y aislamiento bastante malo. Ese tipo de “educación” era terreno fértil para adultos que se dedicaban a explotar niños, haciéndolos fácilmente influenciables. ¿Era eso lo que buscaba Dumbledore? Porque ninguna barrera, por muy poderosa que fuera, ameritaba que un niño pasara por ese infierno.

—Sirius, creo que Dumbledore no es tan “blanco” como quiere pintarse—.

Sirius asintió, habiendo llegado el mismo a esa conclusión—¿Hay alguna manera de proteger aún más a Harry? Dumbledore no aceptara un “no” por respuesta y es extremadamente obsesivo con sus planes. Esa obsesión muchas veces nos costó durante las misiones que nos daba. Eso y que guarda información muy cerca de su pecho—.

Jareth sonrió—De hecho, sí, hay algo más que podemos hacer para proteger a Harry. ¿En qué eres mejor? ¿Defensa o inteligencia? —.

—¿Te refieres a si soy más de estar peleando o trazando esquemas? —Jareth asintió—Puedo trazar esquemas y planes pero… soy mejor improvisando y defendiéndome. Antes de que me encerraran era algo llamado “cazador”. Básicamente era un auror con permiso de perseguir a delincuentes y usar fuerza letal si se necesitaba—.

—Creo que entiendo, como los agentes del servicio secreto de su majestad pero sin ser exactamente espías—Sirius asintió—Bueno, eso define mejor tu rol. La Reina quiere que alguien este a cargo del sequito de seguridad del pequeño Harry y dado que es también un mago, le sugerí que buscáramos un mago que pusiera su seguridad aún más arriba que cualquier mago de la corte—.

—¿Me están ofreciendo un trabajo? —Jareth asintió.

—No solo un trabajo. Una vez aclarado tu nombre, la Reina espera poder localizar un título muggle asociado a la familia Black y dártelo para convertirte en noble muggle y de esa forma, dejarte conservar el título de padrino del príncipe—.

Sirius estaba abrumado. Sabía que al menos el juicio sería justo y una vez que aclararan su nombre, podía estar junto a Harry. Necesitaba recordar rápidamente si había un título muggle para la familia Black y finalmente recordó uno.

—Creo que un ancestro fue conde de Northumberland—.

Jareth asintió—Le pasare la información a la Reina, pero en caso de que no esté disponible el título, podríamos buscar algún título cuyo noble no pueda mantener y asignarlo a tu nombre—.

—¿Los títulos se compran? —.

—No, no. Es más como “traspasarlos”. Para mantener un título, se necesita mantener cierta cantidad de dinero y tierras. Eso hace que títulos que han pertenecido a familias por generaciones, muchas veces los pierdan y estos se pasen a otra familia que pueda mantenerlos. Claro está que con la cantidad de oro que puedas ganar en el juicio, mantener un título debería ser tarea fácil—.

Sirius asintió. Tenía su bóveda, ya que sin juicio, no deberían haber podido usarla o ponerla en la de Harry como estipulaba su testamento y la tradición de padrinazgo. Y si el oro de su bóveda no era suficiente, aún quedaban las bóvedas de sus padres y las propiedades que le dejara su tío Alphard.

—Sí, creo que sí—.

Jareth solo sonrió y fue cuando apareció el té. El resto del tiempo, ambos hablaron de muchas cosas, entre ellas como organizar el sequito de seguridad de Harry. Ambos sabían que el juicio era solo una formalidad, ya que la forma en que contó Sirius las cosas, daba una perspectiva muy diferente de lo que había sucedido y no iba a dejar muy bien parados a los magos una vez que se supiera.


—¿Cuál es tu conclusión, querido amigo? —Jareth estaba de nueva cuenta en Palacio, comiendo con la Reina.

El Príncipe Consorte estaba almorzando por su parte con sus nietos, ya que gracias a que Zara había hablado de Loki, el resto de los nietos quería conocerlo. Así que el Príncipe Phillip aceptó hacerse cargo de los niños por el día y llevarlos a los establos. Eso libero un poco de presión para la Reina y dejó abierto un espacio en la agenda para recibir a Jareth.

—Sirius Black es perfecto para proteger al pequeño Harry y no dudara en usar fuerza letal. Se que cualquier mago o guardia de palacio haría lo mismo pero contrario a ellos, Sirius Black realmente enfrentó a muchos de los seguidores de Voldemort y vivió para contarlo. Al parecer, tenía cierta reputación sobre que era “brutal” con ellos—.

—¿Y su afecto por mi nieto? —.

Jareth sonrió—Es inmenso. No le importa que ahora sea un Príncipe. Si cree que la única manera de proteger a ese niño es liquidar a todo el mundo mágico, lo hará—.

La Reina hizo un ademan de espantar una mosca—Esperemos no llegar a eso, pero me tranquiliza que ponga a mi nieto en un nivel superior de lealtad—.

Jareth entonces puso una cara seria e incluso dejó sus cubiertos a un lado—Hay un par de cosas que Sirius mencionó y tengo que estar de acuerdo en ello. Sugirió fuertemente que se entrenara a los magos de palacio en combate cuerpo a cuerpo y se revelara la existencia de los magos entre el personal allegado a la familia real, claro está, luego de un juramento inquebrantable de no hablar de nada relacionado con ustedes con nadie y un férreo contrato de confidencialidad de parte de los empleados sin magia—.

La Reina suspiró—Tengo que estar de acuerdo también en eso. Nuestros magos son prodigiosos y tienen cierto entrenamiento físico, pero como su fuerza radica en su magia, normalmente no los seguimos entrenando. Y sobre revelar la magia, dada la naturaleza de mi nieto, eso tenía que pasar tarde o temprano y sería mejor si lo hiciéramos temprano. ¿Cuál otra sugerencia planteo el Señor Black? —.

—Contratar hombres lobo y otras criaturas de apariencia humana, con ciertas salvaguardas para los humanos mágicos y no mágicos como tutores de los príncipes, es decir, todos sus nietos—.

La Reina estaba asombrada y su férreo control de emociones, esta vez falló—¿Por qué? Había escuchado que los hombres lobo son peligrosos al igual que los vampiros y otras criaturas. ¿Por qué sugeriría algo así un mago que intenta proteger a Harry? —.

—Me preguntaba lo mismo, ya que aunque yo parezco un humano y me comporto como uno, mi raza no es una que trate con los humanos más allá de un breve intercambio comercial cada día, pero como lo explicó Sirius, tiene todo el sentido. En la guerra reciente del mundo mágico, Voldemort ya había hecho tratos con las criaturas oscuras, siendo las principales los hombres lobo y los gigantes. Había rumores de que estaba intentando reclutar a los vampiros pero no los había convencido del todo antes de que fuera vencido—.

La Reina pensó un momento en esto y pareció entenderlo—¿Quiere arrebatarle seguidores a ese tal Voldemort? ¿No había sido vencido ya? —Jareth negó con la cabeza.

—Cuando un humano mágico fallece, en nuestro banco aparece un certificado de su fallecimiento y se envía una copia al ministerio. En el caso de Voldemort, jamás apareció ese certificado y aunque sospechamos que era un alias, los únicos certificados que aparecieron ese día en el banco, fueron los de los padres del príncipe—.

—Así que el Señor Black no cree, y ustedes tampoco, que Voldemort sigue por ahí, ¿Verdad? —Jareth asintió.

—Sirius cree que parte del control del hombre lobo que maneja la mayor parte de los hombres lobo del Reino, perdería una buena parte de los hombres y mujeres bajo su mando si estos encontraran trabajo bien pagado. Las leyes de los mágicos ni siquiera los considera realmente humanos y francamente, si no fuera porque nosotros nos manejamos diferente, estaríamos muy enojados con las leyes para las criaturas mágicas—.

—¿No sería más fácil abolirlas mediante mi autoridad? —Jareth negó.

—Gracias a la carta, la clasificación de criaturas queda bajo la jurisdicción del Ministerio de Magia y bueno, los hombres lobo, aunque son magos y brujas bajo una maldición, son considerados criaturas por ese único día en que se transforman. Hay una poción que puede permitirles pasar mejor esos días, pero es muy cara y las leyes para criaturas, impiden que puedan trabajar cerca de magos y brujas, lo que limita seriamente su capacidad de encontrar trabajo y es difícil ocultar una condición así, cuando un empleado falta cada día que habrá luna llena—.

—Entonces, para los magos, la intervención de la Casa Real, sería como hacer leyes a favor de las mascotas o los animales de caza—Jareth asintió—Incluso si mejoramos sus leyes, se negarán en redondo a darles derechos laborales o considerarlos iguales—La Reina suspiró—Parece ser que la mejor opción que tenemos es integrarlos a nuestro propio sequito, pero eso empezaría un efecto inesperado—.

—Entonces, ¿También lo estás viendo, querida amiga? —.

La Reina tomó una porción de su comida, su salmón estaba delicioso pero le sabía un poco insulso ese día. Este mundo que tecnicamente estaba bajo su mando, tenía reglas que ella desconocía y su gobierno había corrido libre demasiado tiempo. No podía ir y quitar la carta porque tecnicamente, nadie de ese mundo había violado los estatutos marcados. Incluso esta segregación de criaturas no podía considerarse inhumana porque incluso los hombres lobos, estaban categorizados como criaturas no humanas, pero si conscientes… igual que un no mágico consideraría inteligente y sintiente a un perro o gato, o un gorila.

Así que si no podía cambiar la carta, quedaba una opción que debía manejarse con mucho cuidado.

—Si creamos un tercer lado, necesitamos encontrar trabajos en los que sean buenas las criaturas y además, conseguir personas que puedan fabricar la poción para los hombres lobos, y quizás, otras pociones que pudieran hacer más fácil para las criaturas, interactuar con el personal humano—.

Jareth sonrió. Isabel era una mujer bastante inteligente y muy astuta. Encarnaba a la perfección la personalidad de las cuatro casas de Hogwarts pero aunado a una poderosa aura de poder y dominio que no era producto de la magia, sino de la propia Isabel. Ella había nacido para ser Reina, incluso si no hubiera pertenecido ya a la familia real.

Los mágicos necesitaban un escarmiento pero no podían simplemente ir y derribar su gobierno. Los mágicos ya habían pasado dos guerras en relativo poco tiempo, una de ellas a nivel global y necesitaban más bien estructura. Pero los cambios hechos abruptamente siempre eran mal recibidos y muchas veces, imposibles de implementar.

Entonces la mejor opción era mostrar que había otra manera de hacer las cosas y eso solo se lograría mostrando números, cifras, ejemplos claros de que las cosas no necesitaban hacerse de la manera en que se venían haciendo.

—Entonces, ¿Tu gente puede gestionar la convocatoria de estas criaturas mágicas? —Jareth sonrió y asintió a la monarca, mientras él también retomaba su comida. La reunión había sido un éxito.


La Ministro Bagnold tenía una enorme jaqueca y la razón de ello es que no pudo encontrar la transcripción del juicio de Sirius Black. Cuando mando llamar a Crouch y Dumbledore, ambos coincidieron en que estaban “seguros” de que dicho juicio se efectuó pero al no poder recordar ni siquiera el número de caso, Bagnold estaba segura de que estos dos no habían hecho bien su trabajo y ella había estado tan ocupada “apagando incendios” que simplemente confió en su criterio. He aquí el resultado de dicha confianza.

La Reina no se tomó bien que no se encontrara el documento y luego de haberle dado un par de días más para encontrar el documento y no poder hallarlo, se decidió que se haría un nuevo juicio pero en el mundo muggle. La Reina ya no confiaba en que el Wizengamot hiciera su trabajo y por ende, también el Ministerio.

No había mencionado nada sobre modificar la Carta, pero se podía leer entre líneas que la Monarca lo estaba pensando seriamente. Si Dumbledore no hubiera insistido en sacar a Potter de la tutela de la Reina, nada de esto estaría pasando. Cierto que el mundo mágico en general, preferiría que alguien tan importante como el Niño Que Vivió estuviera con una familia mágica, pero antes de saber que estaba con la muggle más poderosa de su nación, nadie sabía en realidad donde estaba.

Eso protegía al niño de los mortífagos sin identificar que pudieran estar por ahí, pero ¿Acaso no la protección mágica que tenía la familia real, podía proteger igual de bien al pequeño Harry? Barrera de sangre o no, las protecciones que rodeaban a la familia real eran poderosas y un mago intentando sortearlas era inimaginable.

Y eso solo lo pensaría un sangrepura, porque un mestizo criado en el mundo muggle y los nacidos muggles no se atreverían siquiera a intentarlo, además de no tener motivos para querer hacerle daño al Salvador del mundo mágico. Dumbledore tampoco ofrecía una explicación de por qué quería salvar a los Dursley del juicio en su contra.

Si era por la barrera, la Reina ya había demostrado que tenían protecciones muy duras de romper, además de que los Dursley no habían tratado bien a Harry y eso era un enorme eufemismo. Afortunadamente, la familia real había decidido tratar el tema del maltrato del joven príncipe como secreto de estado y los Dursley simplemente iban a desaparecer y eventualmente la gente cercana a ellos los iban a olvidar. No parece que fueran muy populares en su vecindario por lo que habían logrado averiguar.

Millicent Bagnold estaba segura de que la Reina le había arrebatado un plan a Dumbledore y que era por lo que este último estaba tan concentrado en retomar el control sobre el niño. En qué consistía el plan, solo Dumbledore lo sabía, pero ella no iba a facilitarle recuperar al niño. Quizás estaba mucho más seguro al lado de su nueva abuela.

Ahora, el problema más acuciante era Sirius Black y la aparente falta de un juicio. Necesitaba enviar por las pruebas de sus delitos para poder defender el veredicto del Wizengamot.

Media hora después, la Ministro pensaba que necesitaba retirarse prematuramente y golpear su cabeza contra la pared. Además de la nula existencia de pruebas de que hubo un juicio, tampoco había suficientes pruebas para demostrar la culpabilidad de Black. No se realizó priori Incantatem en su varita, no se le aplico un interrogatorio al sospechoso, no se le tuvo en las celdas de detención sino que fue directo de la escena del crimen a Azkaban y por si fuera poco, el hombre solicitó varias veces a los guardias de Azkaban que se le permitiera defenderse usando veritaserum y los guardias simplemente decidieron que “no valía la pena” molestar al Ministerio.

Las únicas pruebas que había eran testimonios de los aurores en la escena que decían que Black repetía “es mi culpa, es mi culpa” mientras parecía haber perdido la razón. Eso no se sostendría en ningún tribunal, ya fuera mágico o muggle.

No había testimonios de que Black fuera el guardián del secreto, solo conjeturas dada la relación de amistad entre él y los Potter, pero sin un testimonio claro donde se indicara que Black había sido elegido guardián, no, no había realmente pruebas de su culpabilidad, ni en la matanza de los muggles (porque los pocos muggles testigos, solo dijeron escuchar a Pettigrew culpar a Black, pero nunca vieron el hechizo lanzado), ni el homicidio de Pettigrew, ni de la traición a los Potter.

Esto iba a ser una pesadilla y la Ministro ya estaba pensando en donde recortar del presupuesto porque les iban a sacar una compensación enorme en metálico por la flagrante violación al procedimiento adecuado, sino es que más si resultaba que Black era inocente… lo que cada vez más, parecía ser la única respuesta posible.